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10 de febrero de 2011

El amor es ciego y la locura lo acompaña..


Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra los sentimientos y cualidades del ser humano. Cuando el aburrimiento bostezó por tercera vez, la locura, como siempre loca, les propuso: “vamos a jugar a las escondidas, es un juego en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón, mientras ustedes se esconden y cuando halla terminado, el primero al que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego”.
El entusiasmo bailó secundado por la euforia, la alegría dio saltos que terminó por convencer a la duda, e incluso a al apatía que nunca le interesaba nada.
Pero no todos querían participar, la verdad prefirió no esconderse, para que si al final siempre la encuentran, la soberbia opinó que era un juego muy tonto, la cobardía prefirió no arriesgarse. Uno a uno el resto se fueron escondiendo. La primera en hacerlo fue la pereza que se dejó caer tras la primera piedra del camino. La generosidad no alcanzaba a ocultarse por que cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos. Un lago cristalino ideal para la belleza, la endija de un árbol para la timidez.
A solo un número de que la locura terminara de contar, el amor aún no había encontrado un sitio apropiado ya que todo había sido ocupado. Pero divisó un rosal y enternecido decidió ocultarse entre sus flores.
La locura comenzó a busca, fue fácil dar con la duda porque la encontró sentada en una cerca sin decidir de que lado esconderse.
Así fue encontrando a todos, el talento entre la hierva fresca, la angustia en una oscura cueva y al olvido que se había olvidado que estaba jugando a las escondidas. Solo el amor no aparecía por ninguna parte.
La locura lo buscó detrás de cada árbol, cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas... y cuando estaba por darse por vencido, divisó un rosal, donde todavía no había revisado. Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se holló. Las espinas habían herido los ojos del amor.
La locura no sabía que hacer para disculparse, lloró, rogó, imploró y pidió perdón hasta ser su lazarillo. Y desde de ese entonces, desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la tierra EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA LO ACOMAÑA.

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